Sin llegar a la adicción, habrá también quienes hagan un uso problemático de los juegos de azar; algo similar a lo que ocurre con el consumo de alcohol aunque menos advertido y silencioso. Las estadísticas revelan un crecimiento exponencial de adictos, por cuanto a los espacios físicos hoy se suman las versiones online de casinos, bingos y salas de apuestas. La participación de menores de edad es también ya una constante, máxime en sitios ilegales que no controlan la edad de los participantes.
Adicciones que son la perdición para algunos representan un gran negocio para otros. La complicidad de estamentos sociales y políticos las sostienen. Nuestra sociedad está gravemente enferma y no se trata de ponerle paños fríos en la frente. Este mal se adueña de la vida de nuestros jóvenes mientras observamos impávidos. Debemos exigir medidas para combatir seriamente este flagelo y denunciar la complicidad de quienes lucran con el dolor de los nuestros. El juego no es juego.
Este mal se adueña de la vida de nuestros jóvenes mientras observamos impávidos. Debemos exigir medidas para combatir seriamente este flagelo y denunciar la complicidad de quienes lucran con el dolor de los nuestros. El juego no es juego.
